marzo 7, 2026

Flor Bertotti revive la magia de Floricienta en una noche inolvidable en la Arena CDMX

Bajo un manto de luces doradas y un mar de amarillos que inundaba las gradas, la Arena CDMX se transformó el pasado martes 2 de diciembre en un jardín de recuerdos y euforia colectiva. Flor Bertotti, la eterna Floricienta de 42 años, regresó a México con su gira Otra Vuelta Tour, desatando una tormenta de nostalgia que dejó a miles de fans –de todas las edades– cantando al máximo.

Fue una velada que no solo celebró hits eternos, sino que sanó almas con la promesa de que los cuentos de hadas, como el de una niñera mágica, nunca mueren. El ambiente ya era eléctrico horas antes del show, programado para las 21:00 horas. Afuera de la Aren CDMX se formaban filas de seguidores ataviados con el código visual impuesto por la diva argentina: vestidos amarillos, flores en el cabello y carteles que proclamaban «Floricienta vive».

Familias enteras, parejas nostálgicas de la era Disney y un contingente de millennials convertidos en padres compartían anécdotas bajo la luna de diciembre. «Vine por mi infancia, pero se la regalo a mi hija», confesaba Ana López, de 35 años, mientras ajustaba una corona de margaritas en la cabeza de su pequeña.

La Arena, con capacidad para 20 mil almas, lució repleta, una gran entrada que habla del tirón inquebrantable de Bertotti en un país que la adoptó como propia desde su debut televisivo en 2004. Cuando las luces se atenuaron y un telón de terciopelo azul se alzó, Bertotti irrumpió en el escenario con «Mi Vestido Azul», el himno que la catapultó a la fama.

Vestida con un tutú etéreo que evocaba su personaje icónico, la cantante –acompañada de un ballet de 12 bailarines y una banda en vivo– no tardó en conectar con el público.

«¡México, los extrañé tanto! Esta noche volvemos a ser niños», gritó con su voz cristalina, desatando un rugido que hizo vibrar las estructuras de acero.

El setlist, una mezcla magistral de lo clásico y lo contemporáneo, duró cerca de dos horas y media, según reportes de asistentes y la agenda oficial del venue.Los momentos cumbre llegaron con la trilogía florales: «Flores Amarillas» provocó el coro más ensordecedor de la noche, con el público iluminando el recinto con celulares y pétalos lanzados al aire, creando un tapiz visual que recordaba un campo en primavera.

Bertotti, con lágrimas en los ojos, dedicó el tema «a todos los que crecimos soñando con príncipes y princesas, pero aprendimos a ser nuestros propios héroes». Le siguieron «Hay un Cuento» y «Corazones al Viento», donde invitó a fans seleccionados al escenario para un abrazo colectivo.

La producción, impecable, incluyó proyecciones 3D de cuentos animados y un final pirotécnico que culminó con «Te Amo Más», un cover emotivo que dejó al público de pie, ovacionando de pie durante minutos.Pero más allá del espectáculo, esta fue una crónica de conexiones generacionales. En las gradas, abuelas tarareaban junto a nietos que apenas balbuceaban las letras, un puente entre los 2000 y el presente.

Bertotti, en un interludio íntimo, reflexionó sobre su evolución: «Floricienta me enseñó a volar, pero ustedes me dan las alas».

Al bajar el telón pasadas las 23:30 horas, la Arena CDMX no era solo un venue: era un templo de la memoria colectiva. Flor Bertotti se despide de México por ahora –con fechas pendientes en Guadalajara el 5 de diciembre–, pero dejó una semilla amarilla que florecerá en corazones. En una ciudad que corre sin pausa, esta noche nos recordó: a veces, lo mejor es parar, cantar y soñar.

Texto y Fotografías: Rafael Uriega