agosto 29, 2026

Coyote vs. Acme, la película; ¡Ya la vimos! Te compartimos nuestra crítica

Después de años de aniquilación a base de imanes, patines cohete, túneles pintados, dinamita defectuosa y un sinfín de productos que fallaron todo el tiempo, Wile E. Coyote (el genio del desierto) finalmente se harta. Tras un tortuoso periplo corporativo, el eternamente derrotado predador de los Looney Tunes decide demandar a la ACME Corporation por venderle productos que sistemáticamente le explotan en la cara.

El resultado es una comedia híbrida de animación y live-action que funciona como sátira corporativa y también como espejo de su propia historia de rescate frente a un estudio que quiso enterrarla por una desgravación fiscal. Dirigida por Dave Green y escrita por Samy Burch (con historia de Burch, Jeremy Slater y James Gunn), la película se basa en el clásico artículo satírico de Ian Frazier de 1990 en The New Yorker.

Ambientada en un mundo donde los toons conviven con humanos, abre con un prólogo de 1992: el científico animado Dr. Peter Lorre (un guiño a las apariciones del actor en los cortos clásicos) intenta filtrar información sobre las prácticas de ACME y termina atrapado en un agujero dimensional.

Décadas después, tras otro fracaso estrepitoso con productos ACME en su persecución del Road Runner, Coyote ve un anuncio del bufete Avery, Jones & Maltese y se presenta en Albuquerque con un montón de evidencia literal: toneladas de gadgets rotos.

Los protagonistas humanos y el conflicto legal inicial

Kevin Avery (Will Forte), un abogado de lesiones personales mediocre y resignado a cobros mínimos, prefiere el acuerdo rápido. Su sobrina e interna idealista, Paige (Lana Condor), lo empuja a pelear. Enfrente está Buddy Crane (John Cena), rival de Kevin desde la facultad de Derecho y abogado estrella de ACME, junto al ejecutivo Elmer Gruñón, que exige no revelar secretos de la empresa.

Lo que empieza como un caso de responsabilidad por productos defectuosos se convierte en una investigación sobre el “Proyecto Sísifo”: un programa secreto de ACME que usaba deliberadamente a los personajes de dibujos animados como conejillo de indias para probar productos peligrosos, perfeccionarlos y luego vender versiones “seguras” a humanos. Los toons, por su resistencia caricaturesca y su estatus de segunda clase, eran perfectos sujetos de prueba.

En la cinta aparecen cameos y papeles clave de otros Looney Tunes: Bugs Bunny actúa como informante; Tweety es forzado a trabajar como mercenario de ACME; Granny (La Abuelita) y Daffy (El Pato Lucas) aportan piezas del rompecabezas; Elmer Gruñón preside una audiencia del Senado. El juicio se sabotea, se declara un juicio nulo y todo escala a una investigación mayor.

Aquí llega uno de los giros más reveladores (y emotivos): Coyote había aceptado el juicio en parte porque necesitaba que el Road Runner testificara… para tenderle una trampa y atraparlo de una vez por todas. Kevin lo descubre y hay tensión. Pero cuando el Road Runner aparece y declara que su eterna persecución nunca fue odio, sino un juego entre amigos, y que echa de menos al coyote, Coyote se conmueve y desiste temporalmente.

El veredicto amargo y la victoria colectiva

El caso individual se pierde: el Senado (con Elmer Gruñón) no procede porque Coyote es el único demandante y “los dibujos no importan lo suficiente”. Es una derrota amarga que subraya la manipulación del sistema por parte de las corporaciones. Sin embargo, los héroes humillan al Gallo Claudio y a Buddy activando la trampa destinada al Road Runner y metiéndolos en una jaula.

De vuelta en Albuquerque, el bufete se llena de toons que quieren demandar colectivamente. Filtraciones adicionales de Bugs desencadenan una investigación federal: se arresta al Gallo Claudio y a Buddy Crane, se libera al Dr. Lorre (que se reúne con Granny (La Abuelita) y Tweety) y se expone el alcance del Proyecto Sísifo.

Kevin y Paige (ahora socia) triunfan. Coyote se despide y reanuda la persecución del Road Runner, pero ahora con un reconocimiento mutuo de su vínculo absurdo y eterno.

La película clava el tono de los cortos clásicos: gag visual tras gag, física caricaturesca impecable, mezcla de animación tradicional con live-action que recuerda (sin igualar del todo) a Who Framed Roger Rabbit (¿Quién engañó a Roger Rabbit?, 1988). Forte es un humano perfecto, nunca compitiendo con los toons sino los deja brillar en la cinta; Cena disfruta del villano pomposo; Condor aporta el idealismo necesario.

La sátira a la codicia corporativa, el testing no ético y el poder de las grandes empresas resuena con fuerza, especialmente dada la historia real del filme: Warner Bros. lo archivó en 2023 para una desgravación fiscal (tras una producción de unos 70 millones), generó protestas, un “funeral screening” y finalmente Ketchup Entertainment lo compró por unos 50 millones.  El propio final incluye una dedicatoria a quienes pelearon por su estreno.

Conclusión

No es perfecta: la trama legal a veces se atasca en mecanicismos hacia el clímax y la moralidad puede sentirse un tanto sentimental para el anarquismo puro de los originales. Algunos críticos notan que falta un poco de la frescura salvaje de los cortos. Pero en conjunto es una de las mejores mezclas live-action/animación recientes, divertida, inteligente y con corazón.

Funciona para niños (violencia cartoon, PG) y adultos (la crítica corporativa y los guiños). Después de casi no existir, Coyote vs. Acme llega a las salas como un triunfo del underdog. Meep meep… no te la pierdas.