marzo 7, 2026

Fallece el fotógrafo mexicano Pepe Soho, ícono de la naturaleza y la sanación espiritual

El mundo de la fotografía mexicana despide hoy a uno de sus exponentes más luminosos: Pepe Soho, cuyo nombre real era José Askenazi Cohen, ha muerto a los 53 años en esta capital, dejando un legado de imágenes que capturan la esencia salvaje de la naturaleza como un bálsamo para el alma humana.

La noticia, confirmada a través de sus cuentas oficiales en redes sociales, ha desatado una ola de tributos de colegas, admiradores y figuras del arte, que lo recuerdan no solo como un maestro de la lente, sino como un sobreviviente que transformó el dolor en belleza eterna.

Nacido el 20 de octubre de 1971 en la bulliciosa Ciudad de México, Soho –hijo de un empresario textilero de origen judío– forjó su camino en mundos tan dispares como la moda y la música antes de hallar su vocación verdadera.

A los 20, abrió su primera tienda de ropa usada en el bohemio barrio de la Condesa, que pronto evolucionó en la icónica marca SOHO, con 20 sucursales que vestían a celebridades como Sebastián Rulli y Galilea Montijo.

Pasó por la batería en bandas de rock y hasta abrió la discoteca «LOVE» en Polanco, un epicentro de la noche capitalina en los 2000.

Pero fue una caída de caballo –un accidente que lo dejó al borde de la muerte y sumido en una profunda depresión– lo que lo impulsó, a los 40 años, a empuñar una cámara por primera vez.

«La fotografía me acercó más a la vida», confesó en una entrevista de 2017, describiendo cómo esos primeros clics en el Bosque de Chapultepec, capturando ardillas y mariposas junto a su perro, lo rescataron del abismo.

Desde entonces, Soho se convirtió en un nómada de la luz, recorriendo más de 20 países en cuatro continentes para inmortalizar paisajes que trascienden lo visual: son himnos a la resiliencia.

Su obra, un «homenaje constante a la naturaleza», como él la definía, le valió el oro en la Copa Mundial de Fotografía 2017 en Yokohama, Japón, con la imagen Believe –un torbellino de nubes y rocas en Torres del Paine, Chile–, un triunfo que lo posicionó como el mejor en la categoría de Naturaleza (Paisaje y Vida Silvestre).

Forbes lo coronó ese año como uno de los mexicanos más creativos, y su exposición homónima en el Museo José Luis Cuevas rompió récords de asistencia, atrayendo a miles que se perdieron en sus impresiones gigantes de mares furiosos, bosques etéreos y cielos que parecen susurrar secretos divinos.

Soho no se limitó a galerías: su visión se extendió a campañas públicas como Yo soy mexicano para la Secretaría de Turismo, y diseñó experiencias inmersivas para el Pabellón de México en la Expo Dubái 2020.

En 2021, inauguró el Mystika Museum en Tulum, un santuario de instalaciones que reconecta al visitante con las raíces ancestrales mexicanas a través de proyecciones y sonidos que evocan la selva maya.

«Para mí, los templos más bonitos del mundo están en la naturaleza; es una conexión divina», solía decir, enfatizando cómo su arte era una carta de amor al planeta que lo salvó.

La muerte de Soho, ocurrida hoy en la Ciudad de México –cuya causa no ha sido detallada públicamente–, ha provocado un duelo colectivo en las redes. Artistas como el colectivo Foto México y revistas como México Desconocido lo han calificado de «orgullo nacional» y «inspiración para generaciones».

Sus seguidores, miles de ellos, comparten hoy sus imágenes como ofrenda: un recordatorio de que, en palabras del propio Soho, «nada se pierde, todo se transforma».

En un mundo acelerado, Pepe Soho nos enseñó a detenernos, a mirar y a sanar. Su lente no solo capturó la belleza del orbe; iluminó la nuestra propia. Descanse en paz, el hombre que creyó –y nos hizo creer– en la magia de un instante eterno.