El pasado sábado 5 de julio, Villa Park, en el corazón de Aston, Birmingham, se convirtió en el epicentro del heavy metal mundial con el evento Back to the Beginning, el concierto que marcó el adiós definitivo de Ozzy Osbourne y la formación original de Black Sabbath.
En una jornada de 11 horas cargada de emociones, el “Príncipe de las Tinieblas” y sus compañeros Tony Iommi, Geezer Butler y Bill Ward, reunidos por primera vez en 20 años, cerraron un capítulo histórico ante 50,000 almas y millones más vía streaming global.

Desde el mediodía, el ambiente en Villa Park era una fiesta de metal. Fans de todas las edades, llegados de todos los rincones del planeta, llenaron las calles de Birmingham con camisetas de Black Sabbath, banderas púrpuras y una energía que evocaba la fiebre de los años 70.
La ciudad, cuna del género, homenajeó a sus hijos pródigos con murales, exposiciones como Ozzy Osbourne: Working Class Hero en el Birmingham Museum, e incluso cachorros de la policía bautizados con nombres como Ozzy y Sabbath.
El concierto, presentado por Jason Momoa y con Tom Morello como director musical, fue una celebración del legado de Black Sabbath y Ozzy. Bandas icónicas como Metallica, Guns N’ Roses, Slayer, Pantera, Tool, Gojira, Halestorm, Lamb of God y Anthrax rindieron tributo con sets explosivos, mezclando sus propios éxitos con versiones de clásicos como “Children of the Grave” y “Sabbath Bloody Sabbath”.

Momentos destacados incluyeron a Lzzy Hale de Halestorm interpretando “Perry Mason” con Jake E. Lee y Nuno Bettencourt, y Yungblud con una conmovedora “Changes” dedicada al fallecido futbolista Diogo Jota. Un “drum-off” con Travis Barker, Chad Smith y Danny Carey, junto a Morello, desató locura, mientras tributos en video de leyendas como Dolly Parton, Elton John y AC/DC recordaron la influencia de Sabbath.
A las 22:00, el momento esperado llegó. Ozzy, de 76 años y confinado a un trono adornado con murciélagos y calaveras debido a su Parkinson y lesiones espinales, emergió para su último set en solitario. Acompañado por Zakk Wylde, Mike Inez, Adam Wakeman y Tommy Clufetos, abrió con “I Don’t Know” y siguió con “Mr. Crowley”, “Suicide Solution”, “Mama I’m Coming Home” y “Crazy Train”. Su voz, aunque marcada por el tiempo, resonó con vigor, y su emoción era palpable: “No tienen idea de lo que significa estar en este maldito escenario”, gritó, mientras el público coreaba su nombre.

El clímax llegó con Black Sabbath. Las sirenas de “War Pigs” estremecieron Villa Park, seguidas por “N.I.B.”, “Iron Man” y “Paranoid”. Iommi, con sus dedos prostéticos, desató riffs monstruosos; Butler, con un bajo con los colores de Aston Villa, y Ward, en su regreso triunfal, dieron un cierre perfecto. Ozzy, desde su trono, lideró con una energía que desafió su fragilidad. “¡Váyanse a la mierda de locos, es la última canción!”, exclamó antes de “Paranoid”, mientras fuegos artificiales y confeti sellaban el adiós.
El concierto, cuyos £140 millones en ganancias se destinaron a Cure Parkinson’s, Birmingham Children’s Hospital y Acorn Children’s Hospice, no solo fue un adiós, sino un testimonio del impacto global de Black Sabbath. Como dijo James Hetfield de Metallica: “Sin Sabbath, no habría Metallica”.
Birmingham despidió a sus héroes con lágrimas, cánticos y un amor que resonará por generaciones. Ozzy, entre risas y gestos alocados, dejó claro que, aunque su cuerpo cede, su espíritu sigue siendo el de un “madman” eterno.
¡Gracias por tu música y por todo Ozzy Osbourne!
*Fotografías: Redes Sociales Ozzy Osbourne
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