marzo 6, 2026

Tron: Ares, una secuela cansada que se queda en el limbo digital

Tron: Ares, dirigida por Joachim Rønning y estrenada el 10 de octubre de 2025, es la tercera entrega de la franquicia Tron, iniciada con la innovadora cinta de 1982 y continuada por Tron: Legacy (2010).

La trama sigue a Ares (Jared Leto), un programa de IA altamente sofisticado enviado desde el mundo digital al real para una misión peligrosa: recuperar el «Código de Permanencia», un artefacto que permitiría a entidades digitales existir indefinidamente en el mundo físico.

Esto marca el primer encuentro de la humanidad con seres de IA. El elenco incluye a Greta Lee como la CEO de Encom, Eve Kim; Evan Peters como el antagonista Julian Dillinger; y cameos de Jeff Bridges y Gillian Anderson.

Con un enfoque en efectos visuales CGI y una banda sonora compuesta por Trent Reznor y Atticus Ross, la película dura 112 minutos y está calificada PG-13 por violencia estilizada y lenguaje ocasional.

Lo que Ofrece la Película

Desde un punto de vista técnico, Tron: Ares brilla en su producción. Los efectos visuales, especialmente en secuencias de acción como persecuciones en motos y jet-skis digitales, son impresionantes y se benefician enormemente de la experiencia IMAX 3D, con un diseño neón que evoca el espíritu cyberpunk de la saga original.

La banda sonora es uno de sus puntos más alabados, con un pulso industrial que eleva las escenas de tensión y acción, superando incluso a la icónica partitura de Daft Punk en Legacy.

El reparto mixto –con Leto interpretando a un AI empático y Lee como una heroína progresista– intenta explorar temas actuales como la benevolencia de la IA versus su corrupción corporativa, aunque de manera superficial.

La película recaudó atención en su estreno por su conexión con debates reales sobre inteligencia artificial, posicionándose como un blockbuster de ciencia ficción con toques filosóficos ligeros.

No Cumple con lo Esperado

A pesar de sus fortalezas visuales y sonoras, Tron: Ares se siente como una máquina oxidada, un ejercicio nostálgico que recicla fórmulas sin inyectar frescura ni alma.

Esperábamos una evolución audaz de la franquicia –quizá un comentario profundo sobre la IA en 2025, o una reinvención del mundo digital que capturara la innovación del original de 1982–, pero lo que entregan es un guion predecible, cargado de callbacks innecesarios a Tron y Legacy (como recreaciones de oficinas de Kevin Flynn que parecen más un museo que un avance narrativo).

Es una secuela «paint-by-numbers», como la describe IGN, que prioriza el espectáculo sobre la sustancia, resultando en una experiencia agotadora que se arrastra sin sorpresas ni personajes memorables.

Jared Leto, con su cabellera hipster y un traje ceñido, ofrece una interpretación irritante y desdibujada –un AI «rock star» que roza lo caricaturesco, lejos de la profundidad que prometía–, mientras que el cameo de Jeff Bridges es tan fugaz y lechoso como un fantasma digital sin propósito. Incluso Gillian Anderson, en un rol secundario, no logra rescatar el tedio; su presencia es un recordatorio de cameos desperdiciados.

La trama, con su conflicto entre CEOs billonarios y un villano genérico, ignora el contrapoder anti-corporativo que hacía relatable al primer Tron, optando por un nihilismo vacío que no aterriza en nada relevante sobre la IA.

Como señala The Guardian, es «mind-bendingly dull», un screensaver interminable que sacrifica lógica y emoción por neón vacío. Variety lo resume perfecto: las mejores ideas compiten con un fetiche por la mitología antigua, dejando cabos sueltos absurdos para futuras secuelas que nadie pidió.

En resumen, Tron: Ares decepciona a fans y neófitos por igual. Es un blockbuster para ver en pantalla grande por sus luces y sonidos, pero que deja un vacío existencial: ¿para qué revivir una saga si no se arriesga?

Si buscas sci-fi con pulso, quédate con Blade Runner 2049 o el original Tron; esta entrega es solo un eco cansado de glorias pasadas. Calificación personal: 4/10 – visuales salvadores, pero narrativa exhausta.