Bajo las luces multicolores de la Arena Ciudad de México, el aire se llenó de trompetas estridentes, risas contagiosas y un pulso inquebrantable de ska mestizo que hizo vibrar las gradas hasta la medianoche.
El pasado viernes 3 de octubre, la banda argentina Los Caligaris debutó en este icónico recinto con su gira Maquillaje & Canción, un espectáculo que no fue solo un concierto, sino una oda a la diversión y buena música, donde 15 mil almas se unieron en un ritual colectivo de baile, circo y complicidad.
Desde las 21:00 horas, la Arena –con capacidad para más de 20 mil espectadores– se transformó en un gran tendal circense. Los fans, de todas las edades y con camisetas desteñidas por años de conciertos, formaban colas eternas en los accesos de Azcapotzalco, sorteando el caos vial de la zona.

El arte de transformar lo cotidiano en fiesta
«¡En otra vida he nacido en esta bendita tierra!», exclamó Martín Pampiglione, el carismático vocalista y guitarrista, mientras el público respondía con un rugido que parecía derribar las paredes.
Dentro, el escenario permitía que la energía fluyera en todas direcciones, como un río de confeti y alegría. Los Caligaris, nacidos en 1997 en Córdoba, Argentina, de la mano de los hermanos Pampiglione, siempre han sido más que músicos: son payasos armados con trombones y acordeones, fusionando rock, cuarteto y toques de circo en un cóctel que desarma cualquier malhumor.


Esta gira, inspirada en el «arte de transformar lo cotidiano en fiesta«, reivindicó el show en vivo en tiempos de playlists solitarias. «Escuchar música se volvió un acto individual«, pero esa noche, el individualismo se disolvió en un mar de brazos en alto.

El setlist, fiel a su estilo impredecible, arrancó con «La Abundancia», un himno que prendió las mechas y convirtió las gradas en un pogo masivo. Siguió «Tu infeliz“/ “Besos” / “El amor nunca”» y «Queda en esta», Pero qué necesidad” con Pampiglione saltando saltando en el escenario.
El clímax llegó con colaboraciones sorpresa: La Sonora Santanera irrumpió para un «Frijoles» que fusionó ska con cumbia yoruga, haciendo que abuelas y nietos bailaran cadera con cadera. Mario Bautista se sumó después para interpretar el tema “Todos locos”.
No faltaron los toques circenses: malabaristas lanzando pelotas de colores al ritmo de «Perdón«, un canasta de basquetbol y trapecistas. El humor, marca de la casa, brotó en sketches improvisados: Pampiglione fingiendo un «desastre amoroso» con su guitarra, mientras Raúl Sencillez y Juan Taleb lanzaban chistes sobre el tráfico capitalino que sacaron carcajadas a los asistentes.

La banda argentina logró dos Sold-Out en sus fechas del 3 y 4 de octubre en la Arena CDMX. Con un gran ambiente, temas clásicos y mucha diversión los asistentes tuvieron una gran experiencia que consolida a Los Caligaris como herederos del espíritu festivo que une a Latinoamérica.
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