Hasta el 9 de noviembre, el Auditorio Divino Narciso, de la Universidad del Claustro de Sor Juana, se convierte en una cantina abierta a todos. La ofrenda de Día de Muertos de este año rinde homenaje al centenario del nacimiento de José Alfredo Jiménez y lleva por título José Alfredo Jiménez. En el último trago.

La instalación no es un altar convencional. Recrea el ambiente de esas cantinas donde las canciones del “Rey” se volvieron patrimonio colectivo: mesas, barra, guitarras y la presencia simbólica de quienes dieron voz a su repertorio. Ahí conviven, en un mismo espacio, figuras como Pedro Infante, Lola Beltrán, Lucha Villa, Javier Solís, Chavela Vargas y otros intérpretes que hicieron suyas las letras de amor, desamor y orgullo ranchero.
El montaje destaca por su escala y por el trabajo artesanal. Un sombrero de charro de casi tres metros de diámetro corona la escena. Sarapes de gran formato, elaborados con miles de flores de papel, evocan el paisaje y la tumba del compositor en Dolores Hidalgo. Estudiantes de distintas licenciaturas de la universidad participaron en la creación de catrinas y esculturas de cartón, algunas vestidas con prendas de colecciones históricas vinculadas a la música mexicana.


La ofrenda nació de una colaboración con el Museo José Alfredo Jiménez y contó con el respaldo de la familia del compositor. Es, además, una invitación a recordar que las canciones de José Alfredo siguen acompañando vidas enteras: se cantan en fiestas, se lloran en soledad y se transmiten de generación en generación.
La muestra está abierta al público de forma gratuita. El acceso habitual es por José María Izazaga 92, en el Centro Histórico. Los horarios son de lunes a viernes de 10:00 a 18:00 horas; el sábado 31 de octubre se amplía hasta las 19:00; el domingo 1 de noviembre, hasta las 20:00 (ese día se abre también el portón histórico de San Jerónimo 61); y el sábado 7 de noviembre, de 10:00 a 16:00.

Quedan pocos días para recorrer esta cantina temporal donde la tradición del Día de Muertos y la música de José Alfredo se encuentran. Vale la pena entrar, detenerse y dejarse llevar por el ambiente que el Claustro ha preparado para celebrar al autor que mejor supo ponerle letra a lo que sentimos.
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