junio 15, 2026

‘El Día de la Revelación’, lo nuevo de Steven Spielberg; te damos nuestra crítica

En un verano cinematográfico dominado por secuelas y remakes, Steven Spielberg llega con ‘El Día de la Revelación’ como un recordatorio de por qué sigue siendo el gran narrador popular del cine estadounidense.

A sus 79 años, el director de Encuentros cercanos del tercer tipo y E.T. regresa al género que lo hizo leyenda, pero esta vez no con naves luminosas llenas de esperanza infantil ni con invasiones terroríficas. Aquí hay un thriller conspiranoico maduro, optimista y, en ocasiones, frustrantemente cauteloso.

La premisa es potentísima y muy actual: ¿qué pasaría si mañana supiéramos, de forma irrefutable, que no estamos solos? Daniel Kellner (Josh O’Connor), un experto en ciberseguridad desencantado, roba de la corporación Wardex —un brazo secreto del gobierno— archivos y tecnología extraterrestre que documentan contactos desde Roswell en adelante.

Perseguido como un espía, huye con su novia Jane (Eve Hewson) mientras intenta hacer pública la verdad. Paralelamente, Margaret Fairchild (Emily Blunt), una meteoróloga de televisión en Kansas City, comienza a experimentar habilidades inexplicables: lee mentes, habla cualquier idioma y ve “el camino del destino”.

Ambos convergen en una carrera contra el tiempo para lograr el “Día de la Revelación”.Colin Firth interpreta a Noah Scanlon, el CEO de Wardex, un villano elegante y convincente que encarna el miedo institucional: la humanidad no está preparada.

Revelar la verdad destruiría religiones, gobiernos y sociedades enteras, argumenta. Colman Domingo aporta carisma como Hugo Wakefield, el desertor que ayuda a los protagonistas.

El reparto es sólido, pero Blunt se roba la película con una interpretación enérgica, divertida y emocionalmente anclada. O’Connor, más contenido, representa la racionalidad matemática frente a la empatía de ella.

Spoilers a partir de aquí

La película es, durante sus primeros dos tercios, un sólido thriller de persecuciones con toques spielbergianos clásicos: tensión familiar, road movie improvisada y momentos de asombro visual (esos “animales” extraños que resultan ser observadores alienígenas en formas inofensivas son un detalle delicioso).

Se revela que Daniel y Margaret fueron abducidos de niños y “mejorados”: él como conducto matemático, ella como filtro empático. Los alienígenas han estado aquí, observando, sin invadir. No son amenazantes; son testigos.

El clímax en el estudio de televisión, donde intentan emitir la verdad mientras Scanlon ordena sabotear la red eléctrica, es puro cine de espectáculo. Pero luego llega el final. Tras la emisión, un ser extraterrestre se comunica. Daniel decodifica los datos binarios y tonos, pero es Margaret quien traduce emocionalmente.

Una sola palabra: “Escuchen”

Aquí radica mi principal crítica y, paradójicamente, mi admiración. Spielberg construye durante 145 minutos un inmenso “¿y si…?” sobre el impacto de la revelación —en la fe, en la política, en la identidad humana— para luego negarse a mostrar las consecuencias.

Es un acto de fe cinematográfica: confía en que el público complete la imagen. Después de tanto buildup, resulta anticlimático y hasta cobarde para algunos. No vemos el caos, ni la unidad, ni el mensaje completo del alienígena. Solo “Escuchen”.

¿A la empatía? ¿Al universo? ¿A los demás? Es poético, pero frustrante en una película que promete exactamente lo contrario.Sin embargo, esa elección es coherente con la carrera de Spielberg.

Este no es un filme cínico. Es la culminación optimista de su trilogía personal sobre lo extraterrestre: de la maravilla infantil de E.T., pasando por el terror de La guerra de los mundos, a esta madurez que afirma que la verdad nos hará más humanos, no menos.

La banda sonora (posiblemente la última de John Williams) eleva cada escena con esa mezcla de épica y intimidad marca de la casa. Visualmente impecable, con secuencias de acción dinámicas y momentos de quietud contemplativa.

El Día de la Revelación no es la mejor película de Spielberg (le falta la ambición emocional total de Los Fabelman o la perfección estructural de Jurassic Park), pero sí una de las más necesarias en 2026.

En un mundo polarizado, lleno de conspiraciones reales y fake news, el maestro nos recuerda que la verdad importa, que la curiosidad es sagrada y que, quizás, no estamos tan solos. Ni tan perdidos.

Le damos un: 8/10. Imperfecta, pero con corazón. Ve a verla en pantalla grande. El mundo merece saber… y el cine merece más historias originales como esta.